Narcotráfico en Sinaloa recurre a fosas sépticas para ocultar víctimas de desaparición forzada.
“Es la deshumanización”, dice María Isabel Cruz Bernal. Mira hacia una losa de concreto, la cual cubre una fosa séptica. La mañana del viernes 16 sacaron de ahí tres cuerpos. “A uno de ellos todavía se le veía la expresión de miedo, de dolor”, explica la madre buscadora.
Después de los preparativos reanudan la búsqueda. Han tenido cinco días consecutivos con resultados “positivos”; desde una falange a una osamenta o un fragmento de costilla y omóplatos. Restos óseos de seres humanos sumergidos en excrementos.
Son en total 13 losas en el complejo de fosas, cada una con capacidad de 3 mil 300 litros. En los cinco días de búsqueda han hallado restos humanos. Un camión “váctor” evacua el exceso de agua y lo drena sobre una planicie. Ahí, como gambusinos, dos hombres con un rastrillo buscan pedacitos de huesos.
Las desapariciones forzadas escalaron otra vez en Sinaloa poco antes del inicio de la guerra entre Chapitos y Mayos. Al principio, las madres buscadoras se limitaron a pegar carteles y emitir fichas de búsqueda, pero los casos escalaron tanto que tuvieron que volver al campo, a pesar del peligro que significa por sí misma la actividad, incrementado con los constantes enfrentamientos en zonas enmontadas o agostaderos en las afueras de Culiacán.
La crisis de desapariciones se agrava en Sinaloa
La violencia en Sinaloa ha derivado en una alarmante cifra de desapariciones forzadas: más de 1,400 carpetas de investigación han sido abiertas, según datos de la Fiscalía estatal. De ese total, más del 65% de las víctimas siguen sin ser localizadas, mientras que el 35% restante ha sido encontrado, aunque una de cada diez fue hallada sin vida.
El colectivo de búsqueda ha reportado hallazgos recientes que reflejan la magnitud de la crisis. En abril, en el poblado de Mezquitillo, al sur de Culiacán, encontraron 13 cuerpos en un cementerio clandestino. Otras búsquedas en el norte del municipio, en Tepuche y Palos Blancos, también han dado con restos humanos que, se presume, no tienen más de ocho meses de haber fallecido.
La impunidad agrava el panorama: en 2023, casi ningún caso fue resuelto, y en 2024, la cifra de impunidad se volvió total. Ese año se registraron 1,610 desapariciones sin una sola resolución judicial.
Para dimensionar la tragedia, el Consejo Estatal de Seguridad Pública comparó la cifra de personas desaparecidas con la capacidad de un avión comercial: equivaldría a llenar ocho aviones Boeing 737-800, cada uno con 189 pasajeros.