LO QUE DICEN LOS PASILLOS
Por ahí dicen que cuando el río suena… es porque en la presidencia municipal de Miguel Varela ya se ahogan. Resulta que ayer, el autoproclamado presidente municipal —porque eso de “gobernar” le queda más grande que sus aspiraciones políticas— convocó a una muy seria (según él) “reunión de gabinete”. ¿El motivo? Revisar resultados y afinar proyectos. ¿Cuáles? ¡Quién sabe! Porque en los últimos ocho meses lo único que ha afinado su administración panista es el arte de la simulación.
Pero lo jugoso del chisme no fue la reunión, sino el drama interno. Y es que Varela ya no confía ni en la sombra de su equipo. ¿La razón? El muy polémico Óscar Veyna, quien dirige (o des-dirige) el área de Comunicación Social, ha andado autorizando convenios a lo loco, pidiendo su respectivo “diezmito” —por supuesto— y todo esto a espaldas de Varela. ¡Que no le avisó! Que no le pasó recibo, ni factura, ni cortesía.
Así que el panista, con la vena inflada y el ego más, aprovechó la reunión para ponerle un regañadón público que, según los presentes, rayó en la humillación. Le dijo hasta de lo que no estaba en el presupuesto. Y mientras Veyna tragaba gordo, los demás solo bajaban la mirada… o grababan mentalmente el momento para el chisme posterior.
Y claro, como en toda mala novela, esto solo confirma que el castillo azul de Varela se está cayendo a pedazos. Desde el inicio fue un caos, y ahora hasta sus aliados de toda la vida lo están dejando solo. ¿O ya se les olvidó que Cuauhtémoc Calderón —el empresario de los mil oficios— también decidió pintar su raya? Porque como bien dice el refrán: el que llega pagando, llega para cobrar. Y al parecer ya no hay nada qué cobrar.